El puto tabaco

Es díficil, vale? Esta puta mierda es difícil. El tabaco es muy adictivo. Dicen que el mono físico se va después de unas semanas. Entonces… ¿por qué si hace más de una año que no fumo me apetece un cigarro todo el rato? No lo entiendo.

No recuerdo cuando empecé a fumar. Recuerdo quién me dio el primer cigarro. De eso sí me acuerdo. Aquel dudoso honor es para mi amigo Fernando Pola. Me dio un Pall Mall. Recuerdo que me quedé hipnotizado mirando el humo y me pareció de color azul. Un humo azul precioso que hacía piruetas en el aire. Desde entonces, he llevado en mis bolsillos un paquete de tabaco. Me ha acompañado cuando estaba eufórico y cuando estaba hundido en la mierda.

tabaco

Pero hubo un día que pensé en dejarlo. Ese punto de inflexión fue cuando ingresaron a un familiar cercano en el hospital por un pulmón encharcado. Me pasé unas navidades visitando frecuentemente la planta de Neumología y disfrutando de una bonita orquesta de toses y flemas varias que era lo que se escuchaba en aquel pasillo. No lo sé con seguridad, pero imaginaba que más de la mitad de esa gente estaba allí por el puto tabaco.

Un día, salí del hospital y en cuanto puse un pie en la calle lo primero que hice fue echarme un pitillo a la boca. De pronto, me vi a mí mismo siendo un ser débil, un títere del Estado que vendía esa mierda sabiendo que era malo, y un títere de mí mismo que a pesar de saberlo seguía fumando.

Así que lo dejé. Y al principio fue infernal. Me parecía que hasta las conversaciones eran peores sin echarme un cigarrito. Pero poco a poco me fui acostumbrando a no fumar. Y aunque me seguía apeteciendo, (y creo que no me va a dejar de apetecer nunca) lo controlaba.

Pues amigos, el otro día, después de una año y medio sin fumar, volví a caer. Había bebido bastante (¡Jagger, yo te maldigo!) y me fumé un par de pitis que me supieron a gloria bendita, no os voy a engañar. Pero al día siguiente, me sentí muy mal, y sentí que había tirado por la borda un año y pico de esfuerzo.

Amiguitos, no empecéis a fumar. No ya por el tema de la salud, sino porque no os lo vais a quitar de encima nunca.

Si fumo, mi fantasía de moralidad me hace sentir culpable. Y si no fumo, lo paso mal porque quiero fumar. Todavía, a día de hoy, cuando veo a una tía buena con un cigarro, sólo me fijo en el cigarro, así que, imagínate…

Hasta la próxima!!

 


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6 mayo, 2016

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