El Johnny Cash de Olavide

Ya es oficial, ha llegado el calor, y eso en Madrid significa que los madrileños (y los madrileños de adopción) nos lanzamos a las terrazas a combatir el calor con una cerveza al aire libre.

Uno de mis rincones favoritos para disfrutar del terraceo estival es la Plaza de Olavide. Me siento como en casa tomando algo al solete en alguna de sus terrazas, sobre todo en La Oliva. Algunas tardes mientras estoy disfrutando de unas cervezas con amigos, por allí aparece algún “artista callejero” con una guitarra que ameniza nuestra estancia y luego pasa pidiendo unas monedas entre las mesas.

Tengo predilección por uno de ellos. El tío tiene arte. Pose de Elvis. Lleva tupé y viste pantalones negros, chaleco oscuro sobre camisa blanca y pañuelo rojo al cuello. Lo mejor de todo es que su repertorio es muy bueno, toca los Rolling, los Beatles, la CCR, Dylan, Queen… Johnny Cash

Pero siempre echo en falta alguna canción del que fue para mí, el más grande, The Man In Black, el gran Johnny Cash. Y siempre me quedo con ganas de pedirle alguna canción de él. El otro día ya no lo pude evitar. Después de repasar su extenso muestrario de buen gusto musical, pasó por mi mesa con la gorrilla, le eché unas monedas y le dije:
– ¿Podrías tocar alguna de Johnny Cash?

Él se quedó un poco sorprendido, creo que no está acostumbrado a que le pidan bises, pero me sonrió y me dijo:
– Eso está hecho, socio. Sólo me sé una de Cash y hace tiempo que no la tocó. Pero lo voy a intentar.

Volvió a su improvisado escenario en medio de la nada y anunció por el micro que iba a tocar una más a petición de un amigo que se lo había pedido (mientras me lanzaba una mirada complice) a lo que yo reaccioné con una sonrisa y unos entusiastas aplausos.

Empezó a tocar el mítico tema carcelario Folsom Prison Blues, y yo disfrutaba como un enano desde mi mesa de ese pegadizo riff de guitarra mientras mis amigos me miraban como diciendo: ¡Vaya un flipao!

Cerré los ojos un momento y pensé para mí: “¡Qué poco se necesita para ser feliz! Sol, música en directo, buena compañía y una cerveza.” De pronto, la música paró de golpe, miré hacia donde estaba mi socio interpretando a Cash y resulta que había dos policías hablando con él. Rápidamente, recogió sus trastos y se fue acompañado por los agentes de la autoridad.

Johnny CashMe quedé congelado observando la escena y no hice nada. Pasó todo muy deprisa. Visto y no visto. Me quedé preocupado. ¿Le habrían detenido por mi culpa? Si no le hubiese pedido que tocara la de Cash, ya se habría marchado y la policía no le habría encalomado… ¿Y si le toca pagar una multa o pasar por un calabozo o algo por mi culpa…?

Apuré mi cerveza, me despedí de mis amigos  y me marché de allí cabizbajo. De camino a casa, escuché que alguien me chistaba, me giré y allí estaba el tipo bebiendo una cerveza en lata en una esquina. Me espetó:
– Por poco acabo en Folsom Prisom por tu culpa… – mientras hacía un gesto con los brazos como si alguien le fuera a esposar.

Y aunque me lo dijo como un reproche, acto seguido me sonrió, contento, con su ingenioso comentario y me sentí tranquilo.

Me acerqué a interesarme por lo que había pasado y estuve un rato charlando con él. Según me dijo, alguien de los pisos colindantes había llamado para quejarse de la música, y la policía tiene que hacer acto de presencia y acabar con “el ruido”. Pasa a veces, me voy a otro lado y ya está, sentenció. Como si fuera su día a día.

Desde ese día, pese a que no conozco su nombre, le he bautizado con el cariñoso apelativo de “El Johnny Cash de Olavide”. Espero que algún día que estéis por las terrazas de Madrid tomando cañas, podáis oírle tocar y disfrutar del buen rollo que desprende.

¡Pasadlo bien! Hasta la próxima.


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20 julio, 2016

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