LA PRIMERA VEZ QUE COMPRÉ UNA REVISTA PORNO

Hace mucho mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana, hubo una vez un joven merluzo, que de repente y como sin venir a cuento, empezó a sentir una tremenda curiosidad por el cuerpo femenino.

Todos estábamos cambiando, no era yo el único, prueba de ello era que en el colegio se traficaban con ciertas revistas, que alguien en algún momento se las había robado a su hermano mayor o cosas por el estilo. Quienes poseían estos tesoros eran respetados como a dioses y si eras lo suficientemente pesado, te dejaban echar un vistazo.revista porno

Yo tenía mi propia forma de hacer las cosas. En frente de la ventana del salón de mi casa había un quiosco que exhibía con total libertad una amplia gama de revistas pornográficas. Estaban colocadas en la parte de arriba del muestrario y pasaban desapercibidas para la gente de la calle pero, desde la ventana de mi casa, el ángulo era perfecto. Así que yo, cuando disponía de algún rato en el que no estaba acompañado y supervisado por un adulto, cogía los prismáticos de mi padre y realizaba un buen repaso por las portadas de todas esas hermosas publicaciones. Sólo las miraba, aclaro, usaba las dos manos para sujetar los prismáticos…

Llegó el día en el que había que hacerse con una de esas revistas y unos amigos acordamos ir un día a comprar una. La pregunta era… ¿Quién sería el valiente que pediría la Penthouse como quien pide unos cromos de fútbol? Yo dejé caer que como era el quisoco de al lado de mi casa, no podía ir, me reconocerían y no podría volver a comprar nada allí. Además, la idea había sido mía así que dos puntos a mi favor. Otro amigo dijo que si él ponía el dinero, eso le eximía del vergonzoso momento de dar la cara. El tercero en discordia no tenía argumentos así que le tocó a él.

Viví el momento de la compra agazapado detrás de una esquina junto con el amigo que ponía las pesetas y fue tan emocionante que creo que nunca en mi vida he sentido tanto nerviosismo y expectación. Cuando el que había ido a comprarla llegó hasta nosotros y sacó de la mochila la tan deseada Penthouse fue como cuando Moisés bajó del monte Sinaí levantando los Diez Mandamientos.

Que el quiosquero hizo mal en vender esta revista a unos menores de edad, es verdad. Que ese pequeño gesto hizo felices a tres chavales, también.

 

 


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12 abril, 2016

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